10 cosas que nadie te contó de ser artesana emprendedora

ser artesana emprendedora

Me imaginaba que ser artesana emprendedora era idílico y encantador. Tener un taller precioso lleno de inspiración y con vistas a un bosque, tal vez a un lago. Disfrutar cada día con tu trabajo, que siempre estaría repleto de satisfacción y entusiasmo. Crear tranquilamente, sin ninguna presión, probar cosas nuevas y compartirlas con el mundo. Y un cojón de pato ruso. Mi taller suele desequilibrarse constantemente sin que pueda impedirlo. Puede que ni si quiera tengas uno y trabajes en la mesa del salón, desplegando todos los bártulos, como yo he hecho durante años (menudo coñazo). Tengo la suerte de vivir en una casa bastante tranquila, cuando los vecinos deciden no poner a todo trapo la música. Desde mi ventana veo otras casas y, al fondo, un poco de campo, no me puedo quejar. Durante años trabajé en una mesa enana, de cara a la pared, muerta de calor en verano y de frío en invierno.
Lo que quiero decir es que la imagen de ser artesana emprendedora no es tan bonita como las fotos de Pinterest e Instagram. Hay mucho más desorden y menos colores pasteles. Lo acepto porque si no me volvería loca, estuve mucho tiempo preguntándome por qué las fotos de mi entorno de trabajo y, de paso mi vida, no eran tan bonitas como las de las demás. Hasta que acepté que este es el mundo en el que trabajo, no pasa nada, también soy artesana y soy real. No voy a maltratarme por ello.
En esta entrada te cuento algunas realidades de esta vida, tal vez te sientas identificada con ellas.

1. Vivir en exclusividad de ser artesana emprendedora es difícil, no imposible

Hubo una época en la que estaba muy de moda todos los buenos y maravillosos sentimientos. Te machacaban con mensajes de: “tú puedes”, “lánzate”, “conseguirás todo lo que te propongas”. Te animaban para que abandonaras tu trabajo y arriesgarte a cumplir tus sueños. Sé de esto porque yo me tuve que ver en una situación muy chunga para lanzarme a hacerlo. Mientras tanto trabajaba en un empleo de mierda que me permitía comer todos los meses. Hubiese muerto de hambre si me hubiese dedicado a ser artesana emprendedora desde el principio. Hay que tener los pies en la tierra, no puedes lanzarte así como así. Tal vez te lleve un par de años poner en marcha tu negocio para ganar un sueldo, el que tú decidas que no será el mismo para todo el mundo (de objetivos hablaré en otra entrada).
Por esto te digo que tengas la cabeza fría, que te marques unos objetivos y el tiempo para llegar a completarlos. Tal vez no solo necesites hacer artesanía, si no que puedas complementar tu trabajo con otros métodos como pueden ser clases, conferencias o derivados. No pongas todos los huevos en la misma cesta, que dicen.

2. Los precios no se calculan como creías

Cuando empecé a hacer mis muñecos de fimo no tenía la intención de venderlos, pero había gente que quería comprarlos. Así que les puse un precio aleatorio, pensando en cuánto pagaría yo por ellos. Como os podéis imaginar fue un error tremendo. Cuando la cosa empezó a crecer, gracias a mi vena ingenieril, me hice unas tablas de excel para calcular cuánto estaba invirtiendo en material, mano de obra y demás. Casi me hecho a llorar: estaba regalando mi tiempo, creatividad y esfuerzo. Ganaba unos irrisorios 10 céntimos por figura. Lo pienso y me entristece. Nunca más.

3. Cuándo pongas un precio justo habrá gente que se enfade mucho

Todo son sonrisas cuándo regalas tu arte, pero cuando dices un precio las caras se transforman en una mueca de incredulidad. “¿Qué esta tipa quiere cobrarme por lo que hace?”, deben pensar. Les parece obsceno que quieras ganar dinero con algo que has materializado de la nada, porque los artesanos no comen, su arte debe ser regalado al mundo. Esto último lo he oído, lo juro. Hasta he tenido el caso de una persona que quería regalar unos muñecos a una asociación de niños enfermos. Ella los regalaba, pero los hacía yo gratis. No pude hacerle entender que entonces los regalaba yo. Tienes que aprender a defender el precio de tu trabajo, por muy difícil que sea.

4. Las leyes para emprendedores son una mierda

Seguro que habrás pensado: “si yo vendo una figura por 15€ y puedo hacer 4 figuras al día, gano 60€ al día, por 20 días que tiene el mes ganaré 1200 € al mes”. No quiero ser cruel pero permíteme que me ría, a carcajadas, doblándome en dos y sin poder respirar. Ya no es que te diga que tienes que descontar materiales, servicios, pago de alojamientos web, comisiones de tiendas, etc., es que el pago de autónomo que necesitas para ser legal son 286€ mensuales y que el IVA se quedará el 21% de tus ingresos. España es de los peores países para emprender: el pago del autónomo te quita la mismísima vida. Es lo que hay. Así que cuando pongas tus precios mete todos los gastos derivados si no estarás muy, muy jodida.

5. Necesitarás una estrategia de marketing y pasarás muchas horas promocionándote en redes sociales

Siguiendo el ejemplo anterior, no vas a pasar 40 horas a la semana trabajando en tu artesanía porque, si lo haces, el día que quieras subir lo que has hecho a una red social nadie va a verla. Aún quejándome de las leyes para emprendedores, también hay que ser consciente de que estamos en el mejor momento para emprender: las redes sociales nos permiten publicitarnos incluso gratis (aunque existen las campañas de pago). En contraposición roban muchísimo tiempo, son un agujero negro. Se suele aplicar la regla del 20/80: 20% del tiempo para crear, 80% del tiempo para promocionar. Es importante diseñar una estrategia de marketing, programar las publicaciones e intentar que las redes sociales no te consuman.

6. Nunca terminarás tus tareas

Es una realidad. Me hacía listas interminables con toda la extensión de la palabra. Nunca miraba lo que hacía, solo lo que quedaba por hacer. Hasta que asumí que nunca vas a terminar todo y que tenía que empezar a mirar las cosas que sí había hecho. Si no la sensación de fracaso te arrastra. Todavía hoy no lo consigo del todo, a veces tengo sed y no me levanto para beber agua por no haber terminado lo que estoy haciendo. Tengo que focalizarme y obligarme a parar, es una lucha continua.

7. Lo que haces hoy, que crees perfecto, no se va a parecer en nada a lo de dentro de un mes

Cuando hacía un nuevo packaging, una nueva figura, una nueva disposición de la mesa para ferias me decía que iba a ser la última. No es verdad: lo que haces cambia, las ferias cambian, los materiales e incluso tú no serás la misma. Lo más valioso que puedes aprender es a adaptarte a los cambios. Si eres capaz de hacerlo tendrás mucho ganado. ¿Qué has echado la inscripción para una feria y no te han cogido? Pues busco otras ferias más pequeñas o me quedo en casa probando cosas nuevas. ¿Qué han dejado de fabricar esa caja que era perfecta para tus pulseras y tienes que comprar otra y repetir todas las fotos de la tienda? Pues aprendes y la próxima vez no incluyes el packaging en las mismas. Adaptarse a los cambios es una buena estrategia apara evolucionar.

8. Ser artesana emprendedora es una carrera de fondo

Los que más aguanten son los que van a conseguirlo. No tienes que ser el mejor (que sí intentar mejorar día a día), pero sí el que más fuerza de voluntad tenga, el más resistente y el más constante. Esto último, junto con las rutinas de tu día a día te van a llevar hasta la meta. Hace poco hice una revisión de artesanos que tenía en etsy, instagram y facebook. Muchos ya no existen, yo sigo aquí. Artesanos realmente buenos que no han podido, o no han querido (esto es otra historia), conseguirlo.

9. Vas a tener miedo, mucho miedo

Cada una tenemos un miedo que nos paraliza. El mío es no tener dinero para pagar el alquiler y comprar comida. Me aterroriza. Ser artesana emprendedora es una fluctuación constante; hoy vas a una feria mala y no vendes nada, mañana sale una bien y tu suerte cambia. No hay nada seguro y eso te hace pasarlo mal, tener dudas, dejar de focalizar y perderte en la amargura de un agujero negro que te atrapa y te recuerda que no eres demasiado buena y que todo va a salir mal. Y me pasa periódicamente, pero lucho contra esos pensamientos recordándome lo que se me da bien: soy trabajadora, constante, imaginativa y con una alta capacidad de resolver problemas. Piensa en lo que eres buena y métetelo en la cabeza.

10. Serás más feliz… o no

Ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad. Ser artesana emprendedora suena romántico, como he explicado al principio. Es tan verdad como tu quieres que sea. Al final es un negocio y tiene muchas partes que tienes que abarcar como tal. Partes que no van a terminar de gustarte. Hasta que no lo pruebes no sabrás si te gusta y tendrás constancia para conseguirlo.

Suena todo horrible y me preguntarás, ¿por qué eres artesana emprendedora? Porque tiene cosas estupendas, que puestas en una balanza siempre ganan: eres tu propio jefe, te organizas como quieres, no tienes que aguantar a personas lamentables que intentan fastidiarte la vida, trabajas en casa, es divertido probar cosas nuevas y ver lo que funciona y lo que no, aprendes un montón, etc.

En mi caso las cosas buenas superaran a las malas, ¿en el tuyo?

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